miércoles, 18 de marzo de 2009

°'*-.Las Hebras del Corazón...

¡¡¡Primer aniversario!! ¡Wujuuuuuuuu!

=P... =) ... O.O ... XP


Más que un texto que les exprese cosas acerca de Berriozábal; hoy les dedico una “tipo carta informal” a todos ustedes, los que consultan Las Hebras del Corazón. Ya mero mero es el aniversario de este espacio. Y no he escrito algo ultimamente pero aun así no me he olvidado de pasar a saludarles en la primera oportunidad que tuve eh. Así que esta vez les voy a hablar del cómo fue que se inició este espacio dedicado a mi pueblo querido.

Hace poco más de un año tenía un chorro de ganas de hacer un blog pero no sabía de qué iba a tratar. Resulta que sí me puse a pensar de qué sería, pero de las únicas cosas que se me ocurrieron sabía que algún día iban a perder valor y se iban a volver vacuas o que mínimo serían aburridas. Pero en unas de esas vieeeeeeejas tardes de ocio con un calor hostigante dentro de mi cuarto; reaccionó mi cerebro como cuando una chispa sale del encendedor. ¿Por qué no hablar de mi pueblo? Pos’ seeeeeeeh. Poco tiempo antes ya se me había ocurrido, pero en ese entonces no le puse mucha importancia. -Yo no conozco mi pueblo, pero ah que la canción- me dije (o algo así), el caso es que bueno, me decidí a comenzar mi blog y ¡ándale! Ya tenía una cuenta de gmail que ni la utilizaba mucho, pero que esa vez sí que me sirvió. Así que pos órales, continué y que me va pidiendo un nombre pa' mi blog, ¡nóooombre! ¡pázu mecha! si vieras que me costó. Que si le ponía 'El Pueblo de las Hamacas' -ah no, ya lo utilizaron- dije, que si 'Los Pataconixtle' -pérate, ni siquiera se bien de dónde salió esa denominación- reflexioné, el caso es que hubieron otros nombres “estudiados” de acuerdo a lo que sabía que me habían contado mis tatas. Hasta que de repente salió -¡las hebras!- dije dentro de mi, -las hebras... ¿las hebras de qué? ¿de'onde? Mmmmmmm, pequeño gran problema-. Sabía que hace mucho había grandes haciendas y que en la mayor parte de la tierra donde hoy hay un chorro de casas, eran sembradíos de magueyes de ixtle. Yo así bien metido en mis pensamientos me quedé viendo la pantalla de la compu sin decirme nada, sino mas bien creando una imagen en mi mente: el cómo el maguey se iba desarrollndo y el cómo de las arrobas de ixtle tomaban para torcerlo y hacer los mecates; el cómo cortaban las pencas del maguey y los torcedores tiraban de la cuerda para hacer girar la rueda, provocando que poco a poco se alejara quien cargaba la arroba a lo largo de un pasillo. Derrepente imaginé cómo las pencas eran desgarradas para mostrar sus huesos blandos; cómo la flor del maguey se abría para declarar su muerte; y cómo cuando tomas la punta del lazo de ixtle se despliega cada fibra. -Las Hebras de Corazón- dije, e inmediatamente sin reflexionar más, lo anoté en el espacio indicado que correspondía al nombre que le daría a mi blog. La verdad ni siquiera estaba preparado previamente con un nombre, sino que a la hora salió. Y bueno, el resto era que si de ponerle el fondo, que si qué color tal y tal letrita, que si quieres y así o así, achí y achado; y el resto de la tarde me la pasé dándole formato al blog. Cada vez me convencía de que en realidad me encantaba el nombre y mi cabeza maquinaba todo lo que podía hacer para Berriozábal. La verdad me emocioné tanto que terminé con dolor de cabeza después de escribir la primer entrada de mi blog, poray de la media noche.

¿Y sa's qué? Aun se mantienen en mi mente todos esos planes que nacieron hace un año. Aun no los he echado a andar porque no soy experto en computadoras, en manejo de gráficos, en fotografía, como redactor, en la comunicación con la gente (mínimo un poco de saber hablar), como investigador y como buen reportero; pero con la experiencia aprenderé de eso estoy seguro, solo que las echadas a perder las tengo que sufrir aun más. No todo se puede hacer de un tirón, algunas cosas necesitan ser formalizadas para que sean entendibles, y otras, necesitan entenderse por curiosidad e interés, en cambio algunas son delicadas, que necesitan ser comprendidas más que ultrajadas. Como en aquel tiempo estaba en vacaciones, pos' tuve la oportunidad de ir a buscar información con la cual iniciar, después que tuve juntado algo, entonces los capturé y de ello puse un poco en las primeras entradas. Pero como esa información era de hace diez años, entonces por partes fue modificado y le agregué más a otros. Así estuve un rato hasta que se acabaron mis vacaciones y cada cierto lapso subía algo pero de repente se me acabaron los recursos (de información). A partir de ahí entré en acción. ¡Y sópas! A tratar de que fuera comprensible mi forma de expresar las cosas y que a la vez dieran a conocer lo que es mi pueblo, en aquel entonces me ayudó mucho las clases de redacción en la escuela y el que le preguntara a la profesora. No he mejorado mucho, y aun me falta por ser mejor (así que ténganme paciencia).

En mi perfil mencioné un poco de lo que en verdad hago, y sinceramente; no soy un investigador, aun soy un estudiante. Tampoco soy de un área afín que tenga que ver con ¿comunicaciones? no lo sé. Sino que más bien hablar de mi pueblo en forma escrita lo hago por pasatiempo (hobby pa'lgunos que lo entiendan mal), osease que lo hago porque me gusta, no porque me están pagando. Me distrae andar tomando fotos, y escuchar a las personas de cosas que ya pasaron, especialmente si son cosas relacionadas con Berriozábal. Escribo, porque siento que al menos ahí transmito mejor (en mis propias palabras) lo que quiero decir, que de forma hablada; aunque muchas veces le doy retoques solo por formalismo, o por jugar con 'etiqueta' ( jugar, en el sentido de seguir reglas, no diversión como en el vocabulario común). Está claro que el blog es una forma de expresarme, pero dentro de ello arrastro algo que les puede servir a varias o a muchas personas. Está de cada lector dictaminar si es bueno o malo, adecuado o inadecuado para su forma de pensar, pero sería una bobería quererme hacer cambiar mi forma de ser, sino que los consejos o críticas (cabe aclarar que no es pelear, o embarrar con cólera propia) son bien aceptadas. El blog lo hice para demostrar lo que me gusta, si lo dedico para quien entre; es porque es una invitación para que venga a conocer mi tierra. Que sí, le pongo mis toques pintorescos, pero aun en la realidad cabe algo de mafufadas.

Gracias a los que han seguido a Las Hebras del Corazón desde su nacimiento, y a los que no; también les agradezco que lo visiten de vez en cuando o se lo topen de casualidad en la búsqueda del conocimiento por parte del “Sabio Internet”. Ya no estaré tan seguido escribiendo sino mas bien cuando sea cada corte de cuatrimestre en mi escuela (si me doy tiempo). De todos modos no dejaré de escribir algo que dibuje una nueva parte del globo mental, para que se llene de conocimiento y se eleve como el olor de la flor de Chupipí recién reventada.

Esperando que pronto vengas a visitar mi tierra antes de que te vayas a asar en la olla; tómate tu pozolito con panela, melcocha, azúcar, miel, sal y chile o lo que más te guste y disfruta de la frescura bajo la sombra de un árbol acostado en una hamaca. Me despido por el día de hoy; y recuerda siempre que "seas o no de acá, una vez que conoces a Las Hebras del Corazón… no se desprenderá de ti". ‘Porque hay una hebra en cada uno; especialmente en el tuyo… porque son las hebras de tu corazón’.


Atentamente


Édil Jessiel


PD:Las cosas dejadas a medias y la forma de hablar está hecho adrede. Comentarios, dudas y sugerencias, favor de comunicarse conmigo vía correo electrónico. ¡¡Nos vemos pronto!!


Autoría

Redactado y Editado por Édil Jessiel

miércoles, 4 de febrero de 2009

.:+:.¿Cómo eran antes los funerales?.:+:.

Una perspectiva del sepelio antiguo en Berriozábal



Seguramente has visto muchas novelas en las que simulan épocas pasadas como la ‘colonial’, y dentro de esa novela ha habido muertos a los que entierran con toda una ceremonia. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo se realizaban en Berriozábal? Primeramente hay que trasladarnos a esos tiempos en los que el pueblo apenas tenía personas, y cabe aclarar que de esas pocas que había la mayoría era pobre. Te puedes imaginar que los tiempos eran difíciles y especialmente por estas zonas. Así pues, te contaré cómo eran cuando nuestros abuelitos estaban pequeños.

Como la mayoría de las personas eran católicas, procuraban que antes de que el agonizante familiar falleciera, el cura fuera a darle los ‘santos óleos’ debido a que ya no tenía salvación. Con lo que hacían sentir calma al enfermo al verse perdonado de los pecados que hubiera cometido durante su vida; o ayudaba a que los familiares no se sintieran impotentes al no haber perdonado a su familiar. No a todos les realizaban los ‘santos óleos’, especialmente por no tener tiempo, dinero o a falta de dichas creencias.

Cuando expiraba la persona, inmediatamente los familiares (o quienes fueran fuertes y no estuvieran llorando) desvestían a los muertos para darles un pequeño baño ‘chochoneado’ para después ataviarlos con ropas limpias (si tenían, sino pues con la misma ropa), cuando ya estaba cambiado, acomodaban las manos y los pies de forma que –boca arriba– los dedos de la mano se entrelazaran y amarradas las muñecas, las colocaban a la altura del pecho con brazos a los costados. Los pies eran amarrados ya sea si por los tobillos o a media planta, con la principal finalidad de juntarlos porque en ocasiones el fallecido moría con las piernas abiertas, y otra razón era también porque así ahorraban espacio para hacer una caja más pequeña de bajo costo. Este rito se efectuaba rápidamente enseguida de la muerte, ya que si se dejaba pasar más tiempo el cuerpo se entiesaba y pues ya tieso no es posible maniobrarlo. Se mandaba a llamar al carpintero para que llegara a tomar las medidas necesarias para hacer el ataúd de acuerdo al muerto; en cambio si era un bebé o pequeño, la propia familia elaboraba la caja. Antes de que nuestros tatas supieran razonar, las personas tuvieran o no dinero, utilizaban petates o sábanas para envolver a los muertos, y los que no podían los enterraban con solo la ropa que tuvieran.

Cuando el cuerpo ya estaba listo, se acomodaba sobre su cama y lo colocaban frente al altar de los santos, ponían sus ropas al derredor, unas como almohada y el resto debajo del cuerpo; así también para los pequeños cuerpos, solo que estos los colocaban sobre una mesa al no ocupar tanto espacio. De entre la familia, tejían dos hojas de palma de forma que hiciesen una cruz y la dejaban en las manos haciendo aparentar al muerto que la sostenía. Ubicaban una vela a la altura de la cabeza, una a cada lado, y otra a los pies haciendo una cruz. Tejían el misterio, que era un cordón blanco hecho de un hilo largo, torneado de tal forma que fuera grueso y terminara del largo suficiente para que lo enrollasen en la cintura del difunto, terminado en un lazo.

Como para entonces mínimo los vecinos o los familiares más cercanos ya se habían enterado, poco a poco iban llegando a la casa en luto para dar el más sentido pésame o sinceras condolencias. La familia del fallecido se preparaba para recibir a los visitantes con café, chocolate u otra bebida caliente acompañada con galletas de animalito u ovaladas, porque el pan era caro; además estaba también el trago. Y como no se preparaba comida en especial, se ofrecía lo que hubiera. Se tenía la costumbre aquí de que la persona que fuera llegando tenía que ver al finado que estaba expuesto al descubierto y permanecer un rato en el recinto donde se encontraba el muerto, para después salir a ayudar o regresar a su casa –las flores recibidas se dejaban cerca del cadáver–. La misma habitación constantemente estaba inundada del humo procedente del sahumerio que era alimentado mientras había visitante y si la familia seguía despierta.

Si el fallecido expiró por la mañana al siguiente día era enterrado, si fallecía en la madrugada por la tarde efectuaban el sepelio, y si fue por la noche moría al otro día en la tarde se hacía el entierro. En cambio si había familiares que querían verlo y se encontraban muy lejos, se concedía por medio de las autoridades la utilización de formol para conservar el cadáver al menos hasta que el resto de la familia lo viera. Durante los días de vela –y mientras hubiera alguien despierto– se sahumaba continuamente el lugar donde se encontraba el cuerpo.

Al parecer con tantos preparativos, más que funeral parecía una celebración de algún festejado, a excepción de que esta fiesta era semisilenciosa. Durante el tiempo que se tenía al difunto (y aun si él) era de esperarse que los hombres tomaran de tal manera que el efecto del licor daba resultado y empezaban a recordar los buenos momentos que pasaron con el muerto echándose a chillar, lamentándose o dando ayes por lo que no le pudieron decir, recordando lo buena gente, bonita –en el aso de mujer-, o lo joven que era. Talvez dentro de todo el embrollo de que si lloraban, reían, se entristecían o se alegraban; se encontraba el verdadero sentimiento. Un sentimiento revuelto pero directo, que pegaba de un modo que incitaba a ocultarlo ante la presencia de los demás y este sentimiento era aun mayor por parte de la familia para aparentar fortaleza. Así como hasta hoy es difícil afrontar el hecho de haber perdido a un ser querido, pensar que se pudo haberle dicho todo lo que al momento menos indicado venimos a pensar, y saber que hay poco tiempo antes de dejarle de ver definitivamente:

Lamentablemente ya es tarde y no se puede remediar.

Después de tanto llorar

No se si aun quedaban lágrimas para derramar.

Pues llegaba el momento más difícil y emotivo

Complicado de explicar.

El camino a la despedida.

Donde transcurren todos los pensamientos

Llenos de palabras que no puedes pronunciar.

Donde se planea un discurso,

Un discurso que queda impregnado en el corazón.

Un discurso preparado para muchos,

Un discurso que al final

Solamente es para ti.

Hasta el frente iba el ataúd

Al cual amarraban un palo a cada extremo,

Para que cuatro hombres ayudaran a transportarlo.

Al lado o atracito venía alguien sahumando;

Mientras los hombres avanzaban de forma serena,

Tras ellos seguían los familiares y por último

Los conocidos, amigos, vecinos

E inclusive nuevos integrantes.

Algunos con sus flores,

Flores del campo o del jardín.

Entre calles de polvo

Y ropas con hollín.

Así iba la caravana

Con su paso atortugado.

Como en aquellos tiempos no era tan grande el pueblo como ahora; pronto la caravana salía del camino carretero y se encontraba con su única compañía. El cementerio se sentía más apartado, no como ahora que ya casi es absorbido por las casas.

Así pues, la caravana se dirigía allá…

Allá donde los que duermen, reposan por la eternidad.

El transcurso de la caminada era un tanto pesado para los que cargaban el ataúd y por eso iban otros hombres para turnarse en cuanto se cansaban los primeros.

Mientras el humo del sahumerio continuaba emergiendo.

Para dar olor al ambiente,

Para aliviar el dolor con el embriago de su aroma.

El camposanto tenía pocas tumbas, por lo que se veía más desolado y transmitía mayor melancolía. El recorrido del camino hacia su interior era como hasta hoy de terracería. Solo que no estaba en el lugar que hoy posee. Al llegar al lugar destinado para la sepultura, ya la fosa estaba lista –antes no se hacían cisternas como algunos lo hacen ahora–. Sahumaban su interior y luego hacían descender cariñosamente al féretro con cuerdas, hasta que hiciera contacto con la tierra; y colocaban el resto de las prendas que más le gustaban en derredor de la caja. Hubo un tiempo en que también depositaban alhajas, pero debido a que saqueaban las tumbas se dejó de hacer. Encima del ataúd ponían tres o cuatro palos transversalmente, sobre ellos tejían varillas, enseguida se echaban hojas verdes para evitar que la tierra entrara en contacto directo con el féretro. Cuando la tierra había sido depositada se maseaba para apelmazarla, se ponían las flores sobre ese lugar y otro poco en dos recipientes enterrados que fungían como floreros, a los lados de una cruz incrustada en la cabecera de la tuba. Algunos rendían un culto o rezaban, y cantaban. Después de eso la mayoría volvían a la casa del difunto a seguir acompañando a los dolientes. Al otro día los familiares iban a la tuba para hacerle una enramada y darle retoques. Durante tres días después del entierro, se realizaba un rezo cada tarde, y el último día se llevaba las flores que se acumularon durante los tres días. Se colocaba una vela en memoria del fallecido en el altar, mientras otra, durante cuarenta días continuaba alumbrando en el lugar donde expiró la persona. Después de los cuarenta días volvían los rezos que se ejecutaban por nueve días, aunque para ese entonces sí ya parecía más fiesta, por lo que ya estaba lista la familia para recibir a la gente con tamal de bola, café y brebaje de caña. Todas las personas lucían vestiduras negras en esta temporada de luto –las mujeres conservaban por más tiempo este sentimiento que lo hombres–, y mientras podía la familia, mantenían una vela en recuerdo de su ser querido. Hasta volverse reminiscencia con el paso de los años, a pesar de que anualmente en Todosanto se pensaba en él.

Comentario personal: es de admirar imaginarse a uno mismo estar frente a un occiso hoy en nuestros días, pero se puede considerar una forma cultural que se puede volver a retomar, aunque claro, con los debidos cuidados. Espero haberles hecho ver cómo se llevaba a cabo antes un entierro en Berriozábal, y pues ustedes ya saben cómo se realizan atualmente, lo cual contaré luego, solo que esta ocasión no es el tema a tratar.

Agradecimientos a mi mamá Luz y a mi abuelito, por haberme contado cómo se efectuaban los sepelios para así poderlos yo plasmar.

Autoría

Redactado y editado por Édil Jessiel